
Hoy dejaré el jardín por una temporadita. Luego vuelvo, no se crean, que le he cogido el gusto a esto de darles la tabarra cada pocos días.
Quería haberles traído un inventario de las cosas que han llegado al jardín mil tres en estos meses. Cuando comencé con la página busqué un contador, busqué por toda la red, créanselo, y los contadores que encontré sólo contaban visitas. Ninguno contaba las cosas que yo quería.
Así que el programa para estos días estaba claro: buscar los regalos que han ido llegando al jardín, hacer una lista, sin indiscreciones, por supuesto, y enseñársela a ustedes para viesen que hay cosas para las que no hay contadores.
Muchos de esos regalos han llegado en los correos, algunos desde otras páginas, otros son demasiado gorditos para esto del internet y los guardan personas que me quieren hasta que puedan hacérmelos llegar. Algunos ni siquiera fueron pensados como un regalo, pero lo fueron, y también hubiesen tenido un sitio en mi lista.
Al final... pues ya se lo pueden imaginar, ya me conocen. El tiempo que tenía que haber dedicado estos días a releer cartas y a volver a visitar algunas páginas se me fue en escribir a la gente que quiero.
No importa, esas personas son las que enviaron los regalos y merecen todo el tiempo del mundo. Ya tendré tiempo de hacer inventario ahora que el jardín va a descansar unos días. Puede que a la vuelta se lo enseñe a ustedes. Puede que haga eso, aunque ya me conocen...
Ya verán, si finalmente consigo terminarla, qué cosa tan bonita. Es una lista que parece sacada de un sueño, una lista que les hará sonreír como he sonreído yo cada vez que uno de esos regalos llegaba.
Puede que sí, puede que a mi vuelta se la enseñe. Así entenderán por qué en internet no hay contadores como el que yo buscaba. Verán que no hay forma de contar las cosas importantes.
Verán que no se pueden contar las sonrisas, ni los amigos, ni el cariño.
Les veo a la vuelta... o un poquito antes, ustedes mismos (@jardín)
¡Ah!, les dejo aquí unos cuentitos. Así pueden darse un último paseo, uno bonito.
La flauta celta
La llegada del ogro
El hombre suspendido
Sueños de un seductor
Créeme
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
Un par de paseos para hoy soltados así, a bocajarro, que ya saben que andamos un poquillo mal de tiempo últimamente.
El primer paseo cortito. Una página con textos y diseños que le deja a uno con las ganas de más. Se trata de la típica revista esporádica para psiconautas, Caldo de Cabezas.
A la que terminen con el anterior paseo pueden perderse por los contenidos y enlaces de Artepostal. A mí me a gustado, y eso que soy bastante zopenco para estas cosas, así que creo ustedes no lo pasarán del todo mal.
Pues parece que en Korochi Industrias tienen problemas, una guerra y tal y cual. Ya estaba yo dispuesto a salir en su ayuda, y más viendo que La Mentira se había alistado en sus filas, cuando me he percatado de que el enemigo, léase Kaoscity, contaba con la ayuda de la aguerrida Delia.
Qué quieren que les diga... si tienen a Delia... Pues eso, que una guerra es una guerra y no hay lugar para los sentimentalismos. A la que aparezca por aquí alguien con el uniforme de Korochi va a desear no haber nacido.
Eso sí, aunque sólo sea por los viejos tiempos, las hostias se las daremos con todo el cariño. Hasta en el velo del paladar, pueden estar seguros, pero con cariño.
Antes morir que perder la vida (léase con desgana, que tampoco somos muy de guerras por aquí).
Me recuerdan que mañana, en lugar de estar aquí haciendo el panoli, debería estar en Pamplona. No podrá ser, qué le vamos a hacer. Tendremos que esperar al próximo viernes para disfrutar de la oferta lúdico-cultural de tan bella ciudad.
De todas formas me despido hasta el lunes. Ya, que son muchos días para quedarme en casa sin hacer nada... pero es que con San Fermín nunca se sabe.
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
Hoy estoy contento contento, Automedusa Maravilla ha vuelto a la red. Hasta me he olvidado del paseo que quería traerles hoy, las alegrías hacen que mi mala memoria empeore, ya ven qué cosas.
Pero para compensarles les mostraré algo. Sé que algunos de ustedes se preguntan cómo soy, cuál es mi aspecto, y creo que es un buen día para que me vean sonreír. Síganme.
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
Hoy me he levantado breve.
¿Lo ven?
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.