
Se monta uno en la bicicleta, que para eso está. Luego se dan pedales con ganas, que la pendiente es de espanto, para qué les voy a engañar. Y no me tuerzan. Ni se les ocurra torcer, vamos, que ya dejé yo la bici orientadísima para que nadie se pierda.
Se suda, es cierto que se suda, pero merece la pena. Ya verán, en las nubes sabe mil montones de veces mejor la merienda.
Mil montones de los grandes.
Hacia tiempo (creo) que no atracaba a las gentes de Libro de Notas. Una revista ha sido esta vez. Joven y bonita, oigan, que da gusto leerla y pasear por sus páginas.
Como para no secuestrarla. Miren:
Les deseamos sinceramente que disfruten de su estancia en nuestro jardín; les pedimos que no pisen las flores y que tampoco se vayan sin decirnos a qué huelen y, sobre todo, que no se lo piensen dos veces si lo que quieren es disfrutar: las invitaciones las podrán recoger en miles de puntos inexistentes que imaginaremos para la ocasión. Sírvanse del placer de pasear cuanto quieran y no dejen de venir acompañados, si es que la soledad no conviene en dejarles tranquilos cuando los días son frescos, la brisa sopla ligera y el sol aún se deja ver de manera tímida por entre las nubes. Cierren las ventanas, abran las pantallas y surquen lo que haya que surcar. Nosotros, que somos bien nacidos, como decían los antiguos del lugar, les seremos agradecidos.
Sean bienvenidos a Teína.
Habrá que hacerles una visitilla, ¿no?
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
Sepia.org. Para visitar bajo una manta calentita. Con este frío mejor se queda uno en casa, ¿verdad?
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
¿Saben ustedes qué es necesario para que una revista literaria sobreviva? Claro, es difícil, yo tampoco lo sabía esta mañana. Ahora sí, ahora ya lo sé, ya sé qué hace falta. Lo he descubierto por casualidad, hace un ratito, después de leer uno de los cuentos del nuevo Jaque.
En realidad he leído Jaque esta mañana, pero hacía un día fresquito y con sol y se estaba tan bien leyendo en la ventana, tan un millón de veces mejor que delante del ordenador, que no ha sido hasta hace un rato que me he sentado aquí y me he encontrado con la historia de Clepsidra, una revista argentina de los años ochenta, y de la gente que hubo tras ella. Daniel Rubén Mourelle es quien cuenta esa historia. La acompaña de recortes, textos e imágenes, de lo que fue aquella revista.
Visitando su página he podido conocer algunos proyectos suyos que ya quedaron atrás, también sus trabajos de ahora, los que están vivos, bien en papel, bien adaptados a la red, como en el caso de la revista Motor Cyberio.
También he conocido sitios como AutorExus, un lugar lleno de gente al que todavía no he podido dedicarle mucho tiempo, prometo hacerlo, pero del que les traigo la revista Contratiempo, de Zenda Liendivit. O la revista Zoolook, un sitio sencillo, pensado para leer, que creo que les va a gustar.
Visiten estas páginas, estoy seguro de que van a encontrar más personas y lugares que merecen la pena. Descubrirán, además, lo importantes que son para las revistas literarias las bicicletas. Sobre todo las rojas.
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
No, no, permítanme. Cuando hay que reconocer los errores yo soy el primero, faltaría más. No insistan, puede que no haga falta, pero uno es así y ya está. Me voy a disculpar.
Y es que tienen razón ustedes, el martes pasado, hace dos días, no fue cuatro de enero. Qué va. No, no era. Pues que me confundí, para qué vamos a negarlo si lo tienen ustedes ahí escrito, unas líneas más abajo. Aclaremos pues: el pasado martes fue cuatro de febrero se dijera lo que se dijera en el jardín mil tres. Ya han visto que no sólo no me cuesta admitirlo sino que además, yo soy así, para compensar hoy es veintiuno de marzo. Con un par. El mes que les quité el otro día y quince días más. Espléndido que es uno, ¿verdad?
Y ya puestos, aclararemos también lo de San Blas, que sé que les apasionan estos temas. Si como se deduce de alguna de las cartas que han llegado al jardín para advertirme de lo juguetón de mi calendario, vieron ustedes la cigüeña el martes pasado, no esperen un año especialmente bueno. No, al menos, si esperan que Blas, el santo digo, les dé alguna alegría por ver a tan grácil pajarillo con un retraso de un día.
El tres, óiganme bien, el tres de febrero es cuando hay que estar ojo a la cigüeña. El cuatro del mismo mes, con Andrés Corsino y Fileas, Remberto, Filo, Gilberto y Aventino, obispos; Dióscoro y Teodoro, Eutiquio, Aquilino, Gémino, Gelasio, Magno, Donato, Isidoro, José de Leonisa y Verónica, confesores; con Juan Brito, mártir; y con Juana de Valois, reina, que no reina mía, y todos toditos santos, ni aunque la cigüeña les cague encima tienen ustedes asegurado un buen año.
De cualquier forma, estarán de acuerdo conmigo, lo de San Blas, medie o no medie cigüeña, tampoco es para tirar cohetes. Y es que Blasillo, ciertamente eficacísimo para todo lo relacionado con los dolores de garganta y muy apreciado también, aunque en círculos más reducidos, como defensor de ganados varios, lo que promete son buenos años de ajos e higos a quienes planten en el día del chiquillo. Que no es poca cosa, entiéndanme, pero que termina uno hasta los huevos, bien de ajos, bien de higos, si, como dicen, se sacan siete por cada uno metido. Que puede que el secreto se encuentre en controlar lo metido, en contenerse, pero que hay quien mete lo que puede y sólo nos faltaba andar diciéndole al personal, no, mire usted, no meta éste, se aguante, que ya ha metido bastante.
Otra cosa es no verla, la cigüeña digo, en la fecha susodicha, con lo que nos aseguraremos un año de nieves. De nieves. Y sí, cierto es que se dice que son años de bienes estos de nieves, pero no es menos cierto que algunos gremios llevan años luchando para que se desmienta este dicho. Los fabricantes de tangas de leoparda, sin ir más lejos, siempre han defendido que lo de la las nieves y los bienes es un rumor lanzado por el gremio de hacedores de pulgueros de felpa. No les digo más.
Eso, que no les digo más.
Ya mañana, viernes siete, les traigo algún paseíllo.
Qué bonito el santoral.
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.
Algunos de los paseos del jardín, y muchos otros que no llegué a enseñarles, salieron de los correos que me llegaban desde Aleph. Aunque sus creadores, José Luis Brea, Ricardo Echevarría y Luis Fernández, han decidido poner punto final a este proyecto tras cinco años de vida, sigue siendo un bonito lugar para pasear.
A todos los paseantes del jardín mil tres, buenas noches.